Uno de los instrumentos básicos de la cooperación descentralizada es el proyecto. Este módulo revisa el concepto de proyecto desde diferentes enfoques, conjugándolo con las políticas públicas e intentando comprender sus limitaciones. Con este fin, además, se presentan la gestión de proyectos mediante casos prácticos, una bibliografía y algunas actividades para el alumno.
Es importante que el gobierno local entienda que su trabajo de cooperación debe vincular los proyectos con sus políticas públicas para que aquellas acciones que lleva a cabo no acaben siendo meras intervenciones puntuales sin fundamento sino que se sustenten en un marco más amplio. Para ello es necesario conocer las estrategias que permiten que el proyecto se lleve a cabo y fortalezca de esta manera estas políticas que se plantean desde el ámbito local o regional.
El Enfoque de Marco Lógico (EML) es el método de diseño y gestión de proyecto más extendido en la cooperación al desarrollo y, también, en la cooperación descentralizada. Aunque ha generado debates sobre sus fortalezas y debilidades, ninguna propuesta alternativa hasta el momento ha sido capaz de sustituirlo. En el último apartado se presentan brevemente algunas de estas propuestas significativas.
Más allá de su universalidad, el Enfoque de Marco Lógico es adecuado para diseñar intervenciones que vinculen políticas públicas y proyectos de cooperación. A ello favorece que el EML sea un instrumento basado en el Ciclo de Proyecto, lógica que tiene paralelismo con las políticas públicas de ámbito local.
El módulo también presenta algunas malas prácticas o los errores habituales que dificultan su correcta ejecución, incluso que impiden su aprobación por los financiadores. Se proporcionan asimismo algunos de los mecanismos para superarlos.
Los objetivos del módulo son:
El proyecto es una herramienta utilizada en ámbitos empresariales, económicos, políticos, sociales y culturales y en todos ellos nace vinculado a la necesidad de realizar un cambio concreto en un periodo de tiempo determinado.
En el sector de la cooperación, existen diversas definiciones sobre lo que es un proyecto, aunque todas coinciden al considerarlo un instrumento o herramienta cuya finalidad es la transformación de una realidad socio-económica que se presenta como insuficiente o insatisfactoria y, en consecuencia, se quiere superar.
Algunas de las principales agencias de cooperación han dispuesto definiciones de proyectos. A continuación, se presentan algunas especialmente significativas:
Organización |
Definición de proyecto |
| Comisión Económica para América Latina - CEPAL | Es la unidad mínima de asignación de recursos, que a través de un conjunto integrado de procesos y actividades pretende transformar una parcela de la realidad, disminuyendo o eliminando un déficit, o solucionando un problema (Cohen, E. y Martínez, R., 2004). |
| Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico – OCDE | Es una intervención individual para el desarrollo que tiene por objeto alcanzar objetivos concretos con recursos específicos y dentro de calendarios de ejecución determinados, a menudo enmarcada en un programa más amplio (CAD, 2002). |
| Dirección General de Cooperación y Desarrollo de la Comisión Europea -EUROPEAID | Es una serie de actividades con objetivos establecidos, diseñadas para producir un resultado en un plazo limitado y con recursos presupuestados (Unidad de Evaluación de la Oficina de Cooperación de EuropeAid, 2001). |
| Deutsche Gesellschaft für Internationale Zusammenarbeit - GTZ | Es una tarea innovadora que tiene un objetivo definido, debiendo ser efectuada en un cierto periodo, en una zona geográfica delimitada y para un grupo de beneficiarios, solucionando de esta manera problemas específicos o mejorando la situación. La tarea fundamental es capacitar a las personas e instituciones participantes para que ellas puedan continuar las labores de forma independiente y resolver por sí mismas los problemas que surjan después de concluir el apoyo externo. |
Siguiendo estás definiciones y teniendo en cuenta las particularidades de la cooperación descentralizada, se define el proyecto como:
Unidad de asignación de recursos técnicos y financieros, orientada a la consecución de unos objetivos y resultados concretos que buscan transformar total o parcialmente el tejido social, político y económico de un territorio en un tiempo determinado.
Uno de los instrumentos con los que trabaja la cooperación descentralizada es el proyecto: una intervención concreta, de mayor o menor alcance, destinada a enfrentar un problema o situación determinada. A pesar de su carácter acotado en el tiempo y, muchas veces, en el espacio, es importante poner de relieve la vinculación que este tipo de acción, en el marco de la cooperación descentralizada, ha de tener con las políticas públicas locales, mucho más amplias y duraderas.
El proyecto, si bien es un instrumento de intervención puntual, va más allá de los objetivos establecidos en su formulación: su finalidad última ha de ser consolidar, ampliar o impulsar esas estrategias y políticas públicas. Si no es así, su impacto y viabilidad quedará restringido.
No obstante, una mirada comparativa a los elementos que definen una política pública local y un proyecto descubre que ambos tienen similitudes, pero también diferencias respecto a su alcance y capacidad de cambio.
Entre las similitudes se encontraría el deseo de modificar o transformar una situación que se percibe como negativa. Además, políticas públicas y proyectos funcionan a partir de la misma estructura básica: ambas cuentan con una etapa de definición de la problemática, de diseño y formulación de la lógica de intervención, de ejecución y de evaluación.
Entre las diferencias habría:
Las políticas públicas locales responden a un proceso de cambio y mejora vinculado a una agenda en la que participan y se articulan diferentes actores del territorio. Sin embargo, en el diseño y ejecución de los proyectos de cooperación descentralizada también participan actores que no están necesariamente vinculados al territorio.
Una relación de cooperación descentralizada se da entre dos o más gobiernos locales o regionales de diferentes territorios. Por lo tanto, si bien el proyecto de cooperación descentralizada puede (y es recomendable) que se vincule con una política pública local, en el proyecto hay la intervención de un actor local o varios que no están directamente vinculados al territorio. Su aportación suele ser económica, de asistencia técnica y de intercambio de experiencias.
El papel de cada gobierno local, las aportaciones económicas y los roles de cada actor se suelen articular jurídicamente en torno a un convenio de colaboración o de una concesión directa de uno a otro.
Las políticas públicas locales suelen responder a procesos de democracia local y, por lo tanto, cuentan con la participación de actores políticos, técnicos y de la sociedad civil. Sin embargo, en los proyectos de cooperación, si bien han de contar con la participación de la sociedad civil en su definición, son los gobiernos locales socios quienes definen las estrategias y los sectores a los que va dirigida la intervención.
Los proyectos de cooperación descentralizada también se pueden dar en el marco de programas de agencias multilaterales que promuevan proyectos en partenariado, es decir de cooperación descentralizada. Cuando esto ocurre, generalmente los gobiernos locales promueven consorcios para presentarse conjuntamente a las llamadas de las agencias multilaterales. En estos casos, si bien el proyecto se define por parte de los gobiernos locales miembros del consorcio internacional, la temática y la metodología viene definida por las bases de la convocatoria de la agencia multilateral.
Las políticas públicas locales buscan un impacto más amplio y duradero. Los proyectos buscan alcanzar resultados concretos y en muchos casos parciales. Su impacto depende de su acertada vinculación a esas políticas públicas locales.
Una política pública local tiene como grupo meta o beneficiaria a toda la población, o a un sector con una problemática concreta. El proyecto difícilmente tendrá un alcance tan amplio: probablemente trabajará con un determinado sector social o geográfico específico.
El impacto también se ve determinado por el horizonte temporal. Un proyecto suele tener una duración entre uno a cuatro años, pero las políticas públicas se conciben a medio o largo plazo. No obstante, con el objetivo de aumentar la sostenibilidad de las acciones, es común establecer convenios de duración larga bajo los que se amparan un número indeterminado de proyectos.
Las políticas públicas locales se inscriben en el departamento o institución competente de la estructura administrativa de la institución al que le compete por su temática o sector. Los proyectos de cooperación descentralizada se encargan al departamento de cooperación del gobierno local.
En conclusión, las políticas públicas locales y los proyectos presentan rasgos comunes, pero también diferencias. No obstante, estas diferencias pueden facilitar que sean complementarios. Si es así, el proyecto se convierte en instrumento de las políticas públicas locales.
La cooperación al desarrollo se ha dotado de un instrumento destinado a hacer una valoración sistemática de los resultados de los proyectos: la evaluación. La evaluación de proyectos analiza diferentes facetas o criterios de las intervenciones; uno de ellos es la pertinencia.
La pertinencia se puede definir como la adecuación del proyecto y sus objetivos a los planes político-institucionales que tienen lugar en la zona de actuación; entre ellos, los programas de desarrollo de las instituciones políticas de ámbito local. Cuanto mayor sea la vinculación del proyecto a los planes institucionales (es decir, cuanta más pertinente sea), sus efectos positivos serán mayores y se incrementará su viabilidad y eficacia.
Tal y como se ha comentado en el apartado anterior, la cooperación internacional, incluida en esta la cooperación descentralizada, ha hecho tradicionalmente uso de los proyectos como herramienta para intervenir sobre problemas puntuales o necesidades específicas. Esto ha propiciado que estas intervenciones se vean como acciones aisladas no vinculadas ni orientadas a fortalecer instituciones o políticas públicas locales.
El proyecto no es solo una intervención puntual sino que su vinculación a una estrategia más amplia puede propiciar un cambio mayor que impulse y fortalezca las políticas públicas locales. Para ello se propone la tipología desarrollada por Jean Pierre Malé sobre la relación entre un proyecto y una política pública local. El autor afirma que esta vinculación puede adoptar cinco procedimientos (MALÉ, 2012):
La vinculación entre un proyecto puntual y una política pública local no necesariamente ha de ser rígida y estática. Por el contrario, puede tener objetivos diversos que busquen diferentes impactos en la identificación e implementación de esas políticas. Pero, además, también pueden fortalecer la capacidad institucional del gobierno local. Los enfoques son diversos, pero es clave que la identificación del proyecto esté, de una forma u otra, vinculado a una o más políticas públicas locales.
Fuente: adaptada de MALÉ (2012).
Vincular proyectos de cooperación al desarrollo y políticas públicas de ámbito local es una tarea que se enfrenta a diferentes retos. Cabe decir que estos retos, por su complejidad o la dificultad en la gestión, muchas veces limitan o incluso hacen fracasar las propuestas.
Son numerosas las causas que pueden hacer que un proyecto fracase, es decir, que no consiga los objetivos propuestos, por lo que a continuación se intenta proporcionar algunas claves al respecto.
Las causas que un proyecto de cooperación descentralizada no alcance un aporte en las políticas llevadas a cabo por gobiernos locales o regionales pueden ser de índole distinta, pero responden sobre todo a:
La causa base radica en el desconocimiento de lo que es una política pública y en la falta de visión estratégica para vincular política y proyecto. Muchos gobiernos e instituciones locales cometen el error de formular proyectos fuera de la agenda local o de las prioridades establecidos por los programas, planes o políticas de sus territorios. Esto tiene como consecuencia que las intervenciones sean aisladas, su impacto sea menor, y las posibilidades de sostenibilidad, escasas.
Es importante que el diseño del proyecto tenga en cuenta no sólo las políticas públicas locales, sino aquellas de ámbito nacional o regional, que puedan vincularse al proyecto. Por eso es necesario trabajar con herramientas que permitan realizar un análisis de actores y de su influencia. Esto permitirá identificar instituciones que podrían convertirse en aliadas o que, por el contrario, pueden obstaculizar la intervención.
En muchos casos las estrategias de los donantes se imponen a aquellas establecidas por los gobiernos locales. En estos casos, se diseñan proyectos que se convierten en intervenciones aisladas o solo parcialmente vinculadas.
La negociación e incidencia es fundamental. Es importante que los gobiernos locales puedan participar en la discusión sobre las prioridades estratégicas de los posibles donantes.
A tal efecto, la cooperación descentralizada se ha dotado de espacios de incidencia donde los gobiernos locales como las instituciones donantes pueden coordinarse, como las redes Organización Mundial de Ciudades y Gobiernos Locales Unidos (CGLU), Mercociudades, etc.
Un equipo de gestión ad hoc puede aislar la intervención de la estructura burocrática del gobierno local. Por esta razón, es importante que una política pública local de cooperación esté institucionalizada: ha de formar parte de la estructura del gobierno local de forma perenne, y estar dotada con los recursos económicos, técnicos y humanos adecuados.
En 2005, bajo la organización de la OCDE, la comunidad internacional se reunió en el Foro de París para tratar sobre la eficacia de la ayuda al desarrollo. Los países asistentes firmaron la llamada Declaración de París, que se basa en cinco principios. Dos de ellos son la apropiación y el alineamiento.
A la hora de gestionar proyectos suelen presentarse numerosos problemas a causa de la complejidad que supone trabajar con un modelo de partenariado en el que participan diversos actores. Algunos de estos problemas se sintetizan en:
Casi todos los proyectos realizados por instituciones públicas presentan retrasos en sus primeros años de ejecución. Esto se debe a la lentitud de los procedimientos internos, tanto en la firma de convenios, como en la aprobación de dotaciones presupuestarias específicas.
A nivel del consorcio, la constitución de los órganos de gobierno técnico y político de toma de decisiones suele ser lenta, lo que crea un retraso en la ejecución que después será difícil de superar. Por lo tanto, es importante que haya un diagnóstico previo y una hoja de ruta de los pasos administrativos a seguir una vez el proyecto sea aprobado por los socios del proyecto.
Son habituales la sustitución de cargos electos en los gobiernos locales durante el periodo de ejecución. Estos cambios suelen crear un vacío temporal en la toma de decisiones que retrasan o paralizan las actividades.
Es importante que los proyectos se encuentren insertos dentro de la institucionalidad y su dependencia de las esferas más políticas sea relativa. La implicación de la ciudadanía y la participación de actores territoriales en la intervención reduce este riesgo.
Uno de los principales problemas que presenta el modelo de consorcio es que, en caso de ser aprobado un proyecto, el gobierno local habitualmente debe encargarse de gestionar el proyecto. Es en este agente sobre el que recaen las funciones de coordinación de las actividades y la rendición de cuentas.
La gestión financiera suele ser más compleja que la técnica, ya que cada administración pública presenta sus propios procedimientos de gestión contable. Por todo ello, el socio líder debe establecer unas normas y procedimientos de reporte desde los inicios de la implementación. Por ello, también, es habitual y recomendable que el proyecto presupueste una partida destinada a realizar una auditoría externa.
Puede suceder que las instituciones locales no tengan capacidad para adelantar su cofinanciación en el proyecto y eso puede comportar retrasos en su ejecución. Los socios, o en su defecto el socio líder, deben tener liquidez financiera para poder continuar con las actividades.
Cambios de actores por procesos electorales o en las prioridades de la agenda política pueden comportar que las instituciones involucradas dejen de apoyar el proyecto, al punto de que se interrumpa su ejecución.
No sólo es necesaria confirmar la participación de todos los actores; también se ha de asegurar su sensibilización sobre la importancia el proyecto.
Uno de los principales problemas cuando se trabaja con diferentes actores es la escasa representación de organizaciones sociales. Sin embargo, su participación es fundamental para asegurar la legitimidad de las acciones del proyecto. Además, la ausencia de estos agentes que representan o trabajan con la población beneficiaria pone en riesgo la viabilidad de la intervención.
Es recomendable que se firmen convenios de colaboración y se conformen espacios institucionalizados de trabajo (mesas sectoriales).
La cooperación descentralizada entre gobiernos locales no se suele establecer a través de proyectos que han de pasar por convocatorias de carácter competitivo. El proyecto es resultado de un acuerdo o convenio, dentro del cual los socios, conjuntamente, identifican y formulan la intervención.
No obstante, en ocasiones el gobierno local sí participa en ese tipo de convocatorias. En estos casos, los errores más comunes que dificultan la aprobación de proyectos de cooperación descentralizada son similares a los de la mayor parte de los proyectos de cooperación al desarrollo:
En ocasiones, las instituciones públicas o privadas que presentan una solicitud de financiación o de cofinanciación consideran el formulario como simple un trámite administrativo. Sin embargo, la mayor parte de la información solicitada en el formulario es información que se ha de obtener en el proceso de elaboración del proyecto a través de las herramientas básicas del enfoque del marco lógico.
Una descripción vaga de la problemática que se quiere transformar, así como de las condiciones de las personas a las que ha de beneficiar el proyecto, suelen ser otro de los problemas más reiterados. Una descripción exhaustiva de la problemática y de las personas afectadas es clave para que el donante tenga una idea clara de los objetivos del proyecto.
Estrategia de intervención demasiado poco concreta, con unos objetivos y resultados difusos, indican que el proyecto ha sido formulado a prisa, sin un proceso de reflexión adecuado, y posiblemente sin la participación de todos los actores implicados.
Otro factor que provoca la denegación del proyecto es un presupuesto en el que los costos de los recursos necesarios no tienen relación con los precios del mercado, o el volumen de recursos es superior al necesario para lleva a efecto las actividades previstas.
Falta un análisis que tenga en cuenta que los resultados perduren después de la ejecución del proyecto. Dentro del problema que supone que los posibles receptores de la subvención puedan ver el formulario como un trámite, destaca el análisis que se hace sobre la viabilidad y la sostenibilidad.
La mayor parte de proyectos presentan una viabilidad y sostenibilidad muy vagas que no responden a un análisis real. Por otro lado, también se plantea, en ocasiones, que la sostenibilidad dependa de futuras fuentes de cofinanciación, lo que indica que el proyecto carece, desde el inicio, de sostenibilidad financiera.
El Enfoque de Marco Lógico (EML) es el instrumento de planificación de proyectos más utilizado en la cooperación al desarrollo. Se trata de un grupo de procedimientos e instrumentos que, aplicados de forma sistemática y secuencial, da como resultado un marco operativo: la Matriz de Planificación.
La Matriz de Planificación (MP) es el documento que permitirá guiar y supervisar la intervención.
Dos son las principales ventajas del Enfoque de Marco Lógico:
No obstante, el EML ha recibido diferentes críticas, algunas de las cuales son innegables. Por ejemplo, que es una metodología de corte occidental que se aplica a sociedades y culturas que funcionan con lógicas y tempos diferentes. Se plantean algunas de las críticas más oportunas al EML al hablar, en el apartado 11, de las metodologías basadas en procesos.
Otros reparos al EML, en cambio, se deben a una mala comprensión o utilización de la herramienta:
| Crítica | Respuesta |
| El EML favorece que la cooperación se organice en acciones aisladas, no vinculadas entre ellas y, por tanto, poco efectivas. En cooperación descentralizada, pueden suponer que las intervenciones estén desligadas de la agenda política de las instituciones locales. | El EML es un sistema de sistematización a nivel de proyecto, pero no impide que se establezcan estrategias de cooperación con objetivos globales en los que los proyectos se deban estructurar. De hecho, las agencias de cooperación suelen establecer este tipo de estrategias. Por ejemplo, las Estrategia País, en acuerdo con los países receptores de la ayuda, o estrategias de carácter sectorial: género, pueblos indígenas, cooperación cultural, etc. Las instituciones del país receptor también suelen establecer políticas de cooperación. |
| El EML se basa en el establecimiento de relaciones causales unidireccionales entre los fenómenos sociales, cuando en la realidad, más compleja, predominan las relaciones de retroalimentación y multivariables. | El EML no es un instrumento de investigación, sino un marco de acuerdo entre los agentes que participarán en la intervención. Se podría considerar un croquis: un boceto simplificado de la realidad que permite encaminar la actuación. |
| El resultado del EML es un cuadro de actuación (MP) rígido, que no permite adecuarse al cambio. | Nada impide realizar cambios en la MP durante la intervención. La MP se ha de entender como una propuesta inicial, pero que puede padecer cambios y adaptaciones durante su ejecución por variaciones en el contexto o porque los procesos (actividades y resultados) se deban reajustar. Muchas veces, la rigidez no se debe a su metodología, sino a las normativas y condiciones establecidos por los diferentes agentes de la cooperación, especialmente donantes o financiadores. |
| El EML no es un instrumento participativo. Más aún: muchas veces la MP resultante se convierte en un corsé que limita la autonomía de los actores participantes. | La cooperación al desarrollo es consciente de la necesidad de que, en el diseño de las intervenciones, participen todos los agentes concernidos, especialmente la población meta o beneficiaria. Para ello se ha dotado de instrumentos de participación en la identificación de los problemas sobre los que debería sostenerse el EML. El instrumento más conocido y utilizado es el Diagnóstico Rural Participativo (ver apartado 4.2.). |
Se denomina ciclo del proyecto al conjunto de las fases de un proyecto, que se alarga desde su ideación hasta finalizar su ejecución. En algunos casos, se considera oportuno añadir una última fase de evaluación.
De esta manera, el ciclo se compone de las siguientes fases:
Se trata de la labor de investigación que ha de permitir tener el conocimiento necesario de las características sociales, culturales, económicas y políticas de la comunidad meta de la acción, así como la detección de sus principales necesidades. En esta fase se ha de escoger, también, aquella problemática que se va a enfrentar.
La cooperación al desarrollo considera que debe tratarse de una acción que implique a todos los agentes que participan en la acción, especialmente la población meta o beneficiaria. Y no solo por una cuestión de respeto a los derechos de esta población; también porque se ha descubierto que las intervenciones que cuentan con su implicación presentan mayor viabilidad y sostenibilidad una vez terminada la ayuda externa. Para ello, la cooperación se ha dotado de instrumentos participativos, como el Diagnóstico Rural Participativo (DRP).
En relación al EML, el resultado de esta fase será una serie de documentos que permitirán diseñar el proyecto. Aunque se verán más adelante, estos documentos son cuatro:
Con la información obtenida en la fase de identificación, se establece una descripción detallada de los elementos que constituyen el proyecto:
Entre los recursos, hay que considerar el tiempo disponible para realizar las actividades previstas.
El resultado de esta fase será la Matriz de Planificación (MP): el documento a partir del cual se ejecutará el proyecto y se hará el seguimiento. Dependiendo de las características del proyecto, la formulación deberá acompañarse de otros estudios.
En el caso de proyectos de carácter productivo, la MP se debería poner a prueba a partir de un estudio de viabilidad financiera.
Con estos documentos ya elaborados, se ha de buscar la financiación necesaria. Algunos manuales consideran la financiación como una fase más del ciclo de proyectos.
Consiste en la realización de las actividades previstas para alcanzar los resultados y objetivos establecidos en la MP. La MP establece elementos (indicadores objetivamente verificables) que permitirán realizar un seguimiento continuado de estas actividades, para observar si:
Si no fuera así, será necesario ajustar la MP. La MP ha de ser un documento vivo, dispuesto a ser modificado ya sea para adaptarse a cambios en el contexto social, económico y político, ya para solventar contrariedades en su diseño, siempre que sea con el consenso de todos los agentes participantes.
La evaluación es una valoración sistemática de la situación que se ha alcanzado o se está alcanzando con el proyecto en comparación con la situación de partida. No todos los proyectos ameritan la realización de una evaluación.
El Diagnóstico Rural Participativo (DRP) es un kit de herramientas y juegos que buscan facilitar la participación activa de la población local en el diseño de un proyecto o su evaluación. Permite llegar a propuestas consensuadas y estructuradas, por tanto, favorece el empoderamiento de la población meta o beneficiaria.
Surgida en la década de 1980, nuevos juegos y técnicas se han ido creando e incorporando para favorecer estos procesos. Aunque inicialmente estaba destinada a las intervenciones en zonas rurales, la mayoría de técnicas se aplican también a zonas urbanas.
Un manual ágil y ameno sobre los principales instrumentos de la DRP es la guía rápida de Expósito Verdejo (2003).
El EML es un método de planificación secuencial: está conformado por una serie de pasos, cada uno de los cuales genera un determinado documento. El documento final de este proceso, la MP, guiará la ejecución del proyecto.
En este apartado se van a ver los tres primeros pasos:
Los tres se relacionan con la fase de identificación en el ciclo de proyectos.
Como ya se ha visto, hay un cuarto paso y documento que también se incluye en la fase de identificación: el Análisis de Alternativas. Pero en realidad se trata de un paso “puente” porque de él surge el esqueleto básico de la MP. Así se verá en el siguiente apartado.
Nota
Se ejemplifican los elementos del Marco Lógico con el caso práctico del apartado 10 del presente módulo, por lo que es conveniente, antes de seguir, leer los primeros subapartados: el contexto y el proyecto.
El análisis de participantes consiste en identificar a aquellos agentes o actores que van a tener, o que se quiere que tengan, un papel en el proyecto. Inicialmente, se ha de determinar quién será la población meta o beneficiaria, que no suele ser toda la población que padece el problema sobre el que se quiere actuar, sino un sector de ella.
Normalmente se establece que hay dos tipos de población beneficiara:
Si se observa el caso práctico del apartado 10 del presente módulo, se ve que se ha determinado que la población beneficiaria directa es la población de los barrios populares de la ciudad de Q, y la indirecta, la población de los barrios populares de otras ciudades, por el inicio de la aplicación de una nueva legislación que les ha de beneficiar.
También se podría haber considerado que la población beneficiaria directa son los líderes barriales de Q que recibirán formación en las diferentes actividades del proyecto, y la indirecta, toda la población de los barrios populares de Q, que se verán beneficiados por el trabajo de esos líderes.
La agencia de cooperación británica (DfID) ha desarrollado un método para la identificación de la población implicada en los proyectos (Stakeholder Analysis). La herramienta identifica a los distintos actores implicados valorando sus intereses y su incidencia en la viabilidad de la intervención.
Descripción de los actores en base a si son actores primarios, (directamente afectados por el proyecto) o secundarios (tienen un rol en la problemática).
Sobre cada grupo identificado se deben analizar:
El resultado es una matriz:
| Actores | Principales intereses | Incidencia del proyecto sobre sus intereses (+/-/=) |
Prioridad para el proyecto (1 min-5 máx.) |
| Primarios Actor a Actor b …. |
|||
| Secundarios Actor c Actor d |
Clasificación de los diferentes actores y grupos en función de su importancia y su capacidad de influencia sobre una problemática.
| Actores con Alta importancia / Baja Influencia | Actores con Alta importancia / Alta influencia |
| …. |
….. |
| Actores con Baja importancia / Baja influencia | Actores con Baja importancia / Alta influencia |
| …. |
…. |
Valoración de los riesgos y las expectativas que se pueden esperar respecto a la participación de estos actores. Por ejemplo:
Es importante identificar si la población beneficiaria, directa e indirecta, se agrupa o no en colectivos (sindicatos, organizaciones de base, etc.).
En el Análisis de Participantes también es necesario identificar otros actores que pueden tener un papel en la intervención, ya se positivamente u oponiéndose porque se vean afectados negativamente por el proyecto o consideren que así puede ser.
Volviendo al caso práctico del apartado 10, se entiende que los propietarios formales de las tierras sobre las que se asientan los barrios populares pueden ser opositores a un proyecto que quiere asegurar el Derecho a la Vivienda a los pobladores. En cambio, el proyecto puede recibir el apoyo del gobierno estatal, que es el que ha desarrollado la nueva legislación sobre el que se sustenta el proyecto.
También hay que estudiar si hay agentes que inicialmente sean neutrales, pero que pueden llegar a jugar un papel en la intervención dependiendo de cómo se plantee. Son agentes que pueden convertirse en aliados, si así interesa y si se logra atraerlos a los planes del proyecto.
En proyectos de cooperación descentralizada que aspiren a realizar aportes a políticas públicas locales es importante identificar, a la hora de hacer este análisis:
Hay que tener en cuenta que en proyectos que busquen realizar aportes a políticas públicas locales, los beneficiarios pueden cambiar según la naturaleza del proyecto. En raras ocasiones un proyecto tendrá como beneficiarios directos a toda la población, además de no ser deseable porque hace difícil valorar la eficiencia y el impacto.
A la vez que se realiza el análisis de participación, se debe realizar la identificación de los problemas que se quiere enfrentar. El resultado de este proceso adoptará la forma de un diagrama de causas y efectos, en el que se establecerá una jerarquía entre los problemas identificados, y al que se denomina árbol de problemas.
Este análisis condiciona buena parte del resto del proceso, por lo que la identificación y la jerarquización de los problemas son fundamentales. La tarea principal consiste en determinar cuál será el problema básico (Problema Focal) sobre el que se quiere actuar, y que debe ser solo uno.
El resto de problemas identificados se convertirán en:
Si de nuevo se acude al caso práctico presentado en el apartado 10, y concretamente al árbol de problemas, se ve cómo se ha identificado exclusivamente un problema focal, y como los problemas-causas que lo generan están también jerarquizados: se han establecido causas de primer orden (en rojo), de segundo orden (en negrita) y de tercer orden (cursiva).
En la parte alta del árbol se han colocado aquellos problemas que se consideran resultado o efecto del Problema Focal.
Pero, ¿qué es un problema? ¿Perciben todos los actores de la misma manera cuáles son los problemas que deberían resolverse? La respuesta es no.
La posición y la visión de los diferentes actores respecto a una determinada problemática no siempre es la misma: un actor político no identificará el mismo problema que uno técnico, un ciudadano o una organización de la sociedad civil. E identificados los problemas, ¿su jerarquía aparece de forma clara? De nuevo, la respuesta es no. Como ya se ha indicado, los fenómenos sociales se retroalimentan, por lo que muchas veces es imposible establecer qué es la causa y qué es el efecto.
Por eso se define un problema como una situación negativa existente percibida como tal. El árbol de problemas no es un reflejo de la realidad, sino un boceto o croquis que permitirá elaborar el proyecto. La realidad es mucho más compleja que lo que reflejará el árbol; de lo que se trata es de que, de forma participativa y consensuada, todos los agentes establezcan y corroboren este croquis.
Los problemas identificados han de ser concretos e identificables en el territorio donde se realizará la acción. Identificaciones teóricas del tipo “marginalidad” o “subdesarrollo” no permitirán elaborar el proyecto.
El análisis de objetivos se construye sobre el árbol de problemas. Básicamente consiste en positivar cada uno de los factores (causas-problema-efectos) que conforman ese árbol, de tal manera que el resultado sea un árbol de objetivos.
En el árbol de objetivos, las causas se habrán convertido en medios, los efectos, en consecuencias, y el problema focal, en el Objetivo General del proyecto.
Si se observa el árbol de objetivos del caso práctico del apartado 10, se ve que su estructura es similar al árbol de problemas: simplemente, cada una de las tarjetas ha dejado de ser una situación negativa percibida y se ha convertido en un estado alcanzado positivo.
Por ejemplo, la causa de segundo orden “Debilidad de las entidades barriales para plantear acciones de incidencia política aplicando la normativa vigente”, en el árbol de problemas se ha convertido en el medio “Entidades barriales con capacidad para emprender acciones de incidencia política aplicando el marco legislativo”.
Algunas excepciones:
Lo ideal es organizar un taller donde se encuentren los actores implicados o que tengan un amplio conocimiento sobre el problema.
Definición de los problemas, que han de ser reales (no teóricas o posibles), a través de una lluvia de ideas. En términos prácticos, normalmente se escribe cada problema identificado en una tarjeta.
Cuando en el proyecto se elabora una Línea de Base (se presenta en el apartado 8), puede ser conveniente socializarlo para que sirva de insumo en el proceso de definición de los problemas.
Determinación del problema que se considerará Focal, y jerarquización del resto en función de si se considera que son causas o efectos del problema Focal.
Construcción de Árbol de Problemas, donde el Problema Focal actuará de tronco; las Causas, de raíces; y los efectos, de ramas.
Construcción del Árbol de Objetivos mediante la conversión de las situaciones negativas en estados alcanzados positivos.
Incluir, si se considera conveniente, nuevos Medios en el Árbol de Objetivos que no se habían identificado como causas.
A partir del Árbol de Objetivos, se plantea la definición de la Matriz de planificación, el documento base que guiará la ejecución del proyecto. Para ello, previamente, se va a escoger una de las opciones identificadas en ese árbol.
Se considera que enfrentar las causas que generan el Problema Focal es excesivo para un proyecto, por amplio y dotado de recursos que pueda estar. Por eso, se debe seleccionar (de nuevo, de forma participativa) la alternativa sobre la que se quiere trabajar. En término visuales, eso supone elegir una de las raíces principales (medio de primer orden) del árbol de objetivos.
En el caso práctico del apartado 10, se puede observar que la “raíz” escogida es: “Actores sociales de la ciudad de Q son agentes activos en las reformas democráticas de defensa y promoción de Derechos a la participación y a la vivienda”. Como se ve, esta “raíz” se convertirá en el Objetivo Específico del proyecto, y todos los medios de segundo y tercer orden que cuelgan de esta raíz, los resultados y actividades.
La elección de la alternativa se realiza en función de unos criterios. Entre ellos:
La pertinencia política de cada una de las alternativas consideradas, tanto desde el punto de vista de las instituciones locales receptoras, como de los posibles donantes. Un punto importante es si el proyecto entronca con algunas de las líneas previstas en la agenda del gobierno local o con algunas de las políticas públicas locales, ya sean nuevas que se quieran impulsar o las que se quieran fortalecer.
Los riesgos que pueda correr el proyecto en las siguientes fases.
Entre los posibles riesgos que pueden poner en peligro el logro de parte de los objetivos se ha de considerar si hay colectivos que quedan fuera y que puedan perjudicar al objetivo propuesto, o riesgos que no puedan controlarse por depender de factores naturales (terremotos, huracanes) o de actores externos sobre los que no se puede incidir (mercados internacionales). Existen también riesgos de tipo político vinculados a la celebración de elecciones o a los cambios del equipo de gobierno.
Si los objetivos del proyecto son tan ambiciosos que no se puedan alcanzar en el periodo previsto de duración de la intervención.
Los recursos técnicos, humanos, materiales y financieros disponibles. Es posible que algunas de las opciones del Árbol de Objetivos estén por encima de las capacidades y posibilidades de los agentes implicados en el proyecto.
La raíz seleccionada, y sus consiguientes subdivisiones, conforman el esqueleto básico del documento de la Matriz de Planificación (MP). La MP tiene cuatro elementos básicos, entre los cuales se establece una relación jerárquica:
| Lógica de intervención | Indicadores objetivamente verificables | Fuentes de verificación | Hipótesis o Factores externos | ||
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Objetivo general | ||||
| Objetivo específico | |||||
| Resultados | |||||
| Actividades |
Estos cuatro elementos son una transposición de la raíz seleccionada del Árbol de Objetivos.
En el caso práctico del apartado 10, se ha señalado con un contorno en rojo la raíz o alternativa seleccionada y se ha identificado cada una de las tarjetas con el papel que jugará en el proyecto.
El Problema Focal positivizado se ha convertido en el Objetivo General, el elemento de mayor jerarquía de la MP. Se observa que el proyecto no permitirá alcanzarlo. Conseguirlo depende de factores que están fuera del control del proyecto (las otras raíces del árbol).
El proyecto es, por tanto, solo una contribución a su consecución. La importancia del Objetivo General es la de no desviarse de la meta: actúa como un punto distante en el horizonte, al que no se va a llegar, pero que establece la dirección del proyecto.
El medio de primer orden que se ha seleccionado se convierte en el Objetivo Específico, aquel cambio que, ahora sí, se espera alcanzar a través de la ejecución del proyecto.
El EML establece que solo puede haber un Objetivo Específico. No es una decisión arbitraria; es el resultado lógico del proceso de identificación: al seleccionar solo una raíz del Árbol de Objetivos, solo se va a trabajar con un medio de primer orden o nivel.
El Objetivo Específico es consecuencia de haber alcanzado, previamente, unos determinados resultados. En el Árbol de Problemas, los resultados se identifican con los medios (raíces) de segundo grado. Un proyecto establece, normalmente, diversos resultados. Todos los resultados se ubican en un mismo nivel jerárquico (no hay resultados más importantes que otros) y son independientes (uno no puede depender de otro para su logro).
Finalmente, los medios o raíces de tercer grado se convierten en las actividades necesarias para lograr los resultados previstos, es decir, las acciones prácticas que se ejecutarán en el proyecto. Para garantizar su éxito, deberán:
Si se han identificado medios de cuarto grado, normalmente se considerarán fases de una actividad.
De esta manera, la estructura de la MP hereda la lógica vertical del árbol de proyectos. Es una trasposición de una parte de este árbol.
Esta lógica vertical establece que:
Con los objetivos, resultados y actividades se ha visto la lógica vertical de la Matriz de Planificación; se presentan ahora los elementos que establecen su lógica horizontal.
![]() |
||||
| Lógica de intervención | Indicadores objetivamente verificables | Fuentes de verificación | Hipótesis o Factores externos | |
| Objetivo general | ||||
| Objetivo específico | ||||
| Resultados | ||||
| Actividades | ||||
Como lógica de intervención se entiende la concreción de cada uno de los elementos de la lógica vertical: su definición y explicación. En este apartado se van a ver las otras tres columnas de la MP: los Indicadores Objetivamente Verificables (IOV), las Fuentes de Verificación (FV) y las Hipótesis o Factores Externos (H/FE).
EL Comité de Ayuda al Desarrollo (CAD) de la OCDE (2002) define los Indicadores Objetivamente Verificables (IOV) como:
Una variable o factor cuantitativo o cualitativo que proporciona un medio sencillo y fiable para medir logros, reflejar los cambios vinculados con una intervención o ayudar a evaluar los resultados de un organismo de desarrollo.
Es decir, son el instrumento que permitirá medir el avance de los proyectos.
Para ello, es esencial que los IOV:
Para este último punto, los IOV han de tener una estructura que contemplen los siguientes elementos:
| Elemento | Ejemplo |
| Variable | El número de viviendas no legalizadas… |
| Actores a los que implica | … de familias monoparentales… |
| Cuantificación | … se ha reducido un 20% con respecto a los registrados en el año 2019… |
| Localización | … en el barrio B de la ciudad Q… |
| Temporalidad | … al finalizar el segundo año de ejecución del proyecto. |
Objetivos y Resultados tienen que tener IOV, pero no las actividades. La realización de las actividades se observa en el día a día del proyecto, establecido en un cronograma. Además, se observa por el uso de los recursos necesarios para su ejecución.
El indicador de seguimiento y el de evaluación no son lo mismo ni sirven para lo mismo.
En líneas generales, el indicador de seguimiento es el que permite observar si las acciones establecidas en la MP se están cumpliendo adecuadamente y en el tiempo previsto. Por tanto, el indicador de seguimiento se centra en la parte baja de la MP: permite observar si se están realizando las actividades, y si con ello se están alcanzando los resultados.
Al finalizar los primeros seis meses de ejecución de proyecto, 40 técnicos y técnicas y cargos electos del gobierno municipal de la ciudad de Q tienen la formación adecuada sobre Derecho sobre la Vivienda.
En cambio, el indicador de evaluación es el que nos permitirá analizar el alcance de la intervención una vez finalizada. Es un indicador que suele requerir, para poder hacer el análisis, de una Línea de Base (ver el módulo sobre Evaluación de Proyectos). Por tanto, el indicador de seguimiento se centra en la parte alta de la MP: permite observar si los resultados permiten lograr el objetivo específico y acercarnos al objetivo general
Al año de haberse finalizado el proyecto, el gobierno municipal de la ciudad de Q ha desarrollado y está aplicando una normativa que ha regulado el 30% de las viviendas informales.
En el día a día, los indicadores con los que se trabajan en la ejecución del proyecto son, mayoritariamente, de seguimiento (lo que no quiere decir que no se tenga en cuenta la consecución del Objetivo General). Por tanto, en la MP habrá, sobre todo, este tipo de indicadores. Tal es así, que muchas veces la MP no plantea indicadores a nivel de objetivo general.
El sistema de seguimiento y monitoreo del proyecto, por tanto, se basa en los IOV. Su objetivo es identificar si las acciones se desarrollan según lo previsto y, en caso de que no sea así, establecer acciones de corrección para que la estrategia de consecución de los objetivos siga vigente. Un IOV debe, para que sea operativo:
Cada IOV debe tener sus propias Fuentes de verificación (FV). Las FV son los procedimientos y documentos que permitirán comprobar el cumplimiento de los IOV. Por tanto, un IOV sin su(s) correspondiente(s) FV no es operativo.
Siguiendo el ejemplo de IOV presentado anteriormente (“El número de viviendas no legalizadas de familias monoparentales se ha reducido un 20% con respecto a los registrados en el año 2019 en el barrio B de la ciudad Q al finalizar el segundo año de ejecución del proyecto”), el indicador podría utilizar, como FV, los datos sobre vivienda que tienen los municipios, que controla los catastros.
Las FV pueden ser internas o externas.
En la última columna de la MP se indican las condiciones que deben existir para que el proyecto tenga éxito, pero que escapan al control directo de su intervención. Se redactan en términos positivos: se supone que ya se están dando en el momento de iniciar el proyecto. En la MP se han de situar en el nivel en que son significativas.
Ejemplos de Hipótesis:
Una vez establecida la MP y, pese a que hayan sido herramientas que se han perfilado en fases anteriores, se deben elaborar otros documentos prácticos que facilitarán la gestión del proyecto.
Por un lado, se debe decidir el ritmo de ejecución de las actividades teniendo en cuenta los tiempos y los recursos disponibles. Para ello se elaborará un cronograma de actividades.
Este cronograma tiene que reflejar:
Un modelo práctico de cronograma es el siguiente:
| Meses | Presupuesto / Medios | Responsables | ||||||||||||
| Actividad | 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | 6 | 7 | 8 | 9 | 10 | 11 | 12 | ||
| A1.1 | ||||||||||||||
| A1.2 | ||||||||||||||
| --- | ||||||||||||||
También es fundamental acotar los recursos financieros y materiales a través de un presupuesto. Existen dos formatos para organizar la información presupuestaria:
Aunque el segundo modelo de presupuesto es el adecuado para el EML, las entidades donantes siempre solicitan que el seguimiento financiero se realice a través de un presupuesto por partidas. Esto siempre comporta cierta complicación: la ejecución se organiza por actividades; el seguimiento económico, en cambio, no.
Es recomendable establecer primero el presupuesto por actividades en la Matriz de Planificación para no olvidar recursos sin presupuestar. Y después, trasladar el presupuesto de la MP a un formato de presupuesto por partidas.
La tercera herramienta que debe tenerse en cuenta en este momento entre la formulación y la ejecución es la Línea de base.
La OCDE afirma que la línea de base es:
Un análisis que describe la situación previa a una intervención para el desarrollo, en relación con la cual puede medirse el avance o pueden efectuarse comparaciones (OCDE-CAD, 2002).
Es una foto global de un momento 0 que permite analizar cómo el proyecto ha actuado sobre la problemática; es decir, ver si se ha conseguido cambios en los problemas sobre los que se desea incidir.
La elaboración de la línea de base se basa en fuentes primarias, tales como encuestas, diagnósticos sectoriales, o secundarias como diagnósticos, estadísticas, datos censales, reportes instituciones públicas, etc. Establecer una Línea de base es conveniente en cualquier proyecto, para monitorear su desarrollo, pero necesario si se prevé realizar una evaluación de la intervención (véase el siguiente módulo).
También es aconsejable elaborar un plan de comunicación y visibilidad, especialmente en aquellos proyectos más ambiciosos que han de afectar la vida de población con la que no se va a tener una relación cotidiana durante la ejecución del proyecto.
La comunicación no suele formar parte de la fase en la que se define la estrategia de la intervención, sin embargo puede repercutir negativamente tanto en el desarrollo como en la comprensión que sobre los beneficios e impactos del proyecto tengan los diferentes actores implicados.
Persisten dos enfoques a la hora de elaborar un plan de comunicación: la comunicación sobre los resultados, y la comunicación para los resultados (C4D). La primera es la más habitual, se centra en los resultados o productos finales. La segunda pretende ser una herramienta transversal y estratégica que está presente en todo el ciclo del proyecto y que contribuye a alcanzar los objetivos y resultados propuestos.
Un plan de comunicación debe incluir los siguientes pasos:
Es importante vincular el diagnóstico inicial con la elaboración de la línea de base, lo que permitirá realizar una doble medición de la eficiencia e impacto del proyecto, así como en la planificación de actividades del proyecto y en el presupuesto.
Un documento que relaciona el Plan de Comunicación con la cooperación descentralizada es el de O. del Río (2012). Comunicación sobre/para resultados de desarrollo de iniciativas de cooperación pública. Barcelona: URB-AL III.
Y finalmente, es común realizar un estudio de viabilidad.
Se entiende por viabilidad las posibilidades que tiene un proyecto de alcanzar el objetivo específico previsto en el periodo de ejecución, con los recursos disponibles y siguiendo el plan de actuación establecido en la MP.
La viabilidad abarca diferentes ámbitos; cada uno de ellos plantea un interrogante:
| Ámbito | Analiza… |
| Político | … el vínculo del proyecto con las políticas públicas a nivel local y estatal. |
| Institucional | … si las instituciones públicas tienen capacidad material y técnico para la ejecución y gestión del proyecto. |
| Socio-cultural | … si el proyecto se inscribe dentro de la cultura local. |
| Género | … si la intervención considera una participación igualitaria y la equidad en sus beneficios entre hombres y mujeres. |
| Tecnológico | … si las tecnologías y técnicas usadas son adecuadas al medio y accesibles por la población que deberá utilizarlas. |
| Medioambiental | … el impacto del proyecto en el ecosistema y los recursos naturales. |
| Financiero | … si los recursos de los que dispone el proyecto son suficientes y adecuados para alcanzar los objetivos previstos, y si después esas actividades podrán tener continuidad una vez terminada la ayuda externa. |
Dependiendo de la naturaleza del proyecto, el estudio de viabilidad presentará una u otra característica.
Los estudios de viabilidad financiera son especialmente aconsejables en proyectos de carácter productivo; los estudios medioambientales, en aquellos que se prevé la realización de infraestructuras en zonas ecológicamente vulnerables; los socio-culturales, en proyectos con población indígena; los institucionales, cuando se trabaje a nivel de instituciones públicas; y los de género, siempre.
Es común encontrar errores recurrentes en la elaboración de los diferentes documentos que forman el EML. Los más corrientes son:
En la realidad es habitual que las relaciones causa-efecto no sean claras, o que los diferentes factores se retroalimenten no pudiendo establecer qué fue primero. Además, es común que factores de naturaleza diferente se influyan.
El árbol de problemas no acepta estas complejidades. Es una mirada sesgada a la realidad para, a partir de ella, elaborar la MP. Se ha definido el árbol como un croquis: un dibujo en el que solo se trazan aquellos elementos que interesan destacar. Por tanto, el árbol no puede reflejar relaciones que:
Al tratarse de una esquematización de la realidad y no de su reflejo, es imprescindible que los actores participantes estén de acuerdo en el croquis resultante del análisis de identificación.
En ocasiones se elabora directamente la MP, sin pasar por los pasos establecidos por el EML, y sin elaborar los documentos resultados de estos pasos. En estos casos, la participación de los actores suele estar muy restringida. Pero lo que ahora interesa es que, además, es fácil caer en errores de método. Uno de ellos, la elaboración de varios objetivos específicos y generales.
Cabe recordar que el EML establece que la MP, reflejo directo del árbol de problemas:
Un curso no puede ser un resultado, y menos un objetivo. Un curso es una actividad que permite alcanzar una finalidad más ambiciosa: que un determinado colectivo se haya formado en determinada materia.
Esto es común especialmente cuando no se calcula el costo de determinadas acciones complementarias a la ejecución del proyecto. Por ejemplo, la necesidad de establecer una Línea de base, o la elaboración de un determinado informe que sirva de FV para un IOV.
Hubo un tiempo que los donantes permitían establecer un porcentaje del presupuesto a “gastos imprevistos pero esa partida ha desaparecido. Las normativas suelen establecer reglamentaciones que permiten cambiar cantidades de una a otra partida, pero siempre supondrá reducir el presupuesto de una u otra actividad, lo que puede poner en riesgo su viabilidad.
A la hora de elaborar un IOV no se puede olvidar ninguno de sus componentes: variable, actores, cuantificación, localización y temporalidad. Sin estas precisiones, no es posible hacer el trabajo de seguimiento. ¿Cómo saber si se cumple el plan de ejecución previsto si no se sabe en qué momento ha de haberse alcanzado ese indicador? ¿o cuál es la “cantidad” (volumen, porcentaje, etc.) o servicio alcanzado?
En ocasiones se suelen establecer, como cantidad, un porcentaje. Es correcto siempre que se haya establecido una línea de base; si no es así, no se podrá hacer la comparación necesaria entre la situación alcanzada y la existente al inicio del proyecto que permite establecer porcentajes. Si se carece de Línea de base o se desconoce la situación previa al proyecto, el IOV tendrá que utilizar cantidades absolutas.
Finalmente, otro error común con los IOV es que las fuentes de verificación en los que se sustenta son de difícil acceso o de elaboración muy costosa. Eso les hace inoperativos.
Hay que tener en cuenta la diferencia entre los indicadores. Los indicadores directos son aquellos que reflejan directamente la variable a medir. Es el caso, por ejemplo, de un indicador que cuantificase el número de asistentes a una formación, o el de edificios rehabilitados.
Sin embargo, a veces no es fácil obtener la información necesaria para elaborar un indicador de este tipo. En estos casos, se puede valorar la variable de forma indirecta, midiendo otras menos complejas o más fácil de obtener, partiendo del principio de que, si acontece el factor A, es porque se ha cumplido el factor B. Así se elabora un indicador indirecto. Por ejemplo, la mejora del nivel de vida de una determinada localidad o territorio puede valorarse en base al incremento de las ventas de productos que no son de primera necesidad.
Para ilustrar los conceptos de los apartados, se expone en este apartado 10 un caso práctico. Sirva pues este de ejemplo para seguir los anteriores puntos cuando a este se haga referencia.
Q es la capital política y el municipio más grande del país. Su población se ha multiplicado siete veces en las últimas seis décadas como consecuencia de fuertes corrientes migratorias campo-ciudad. Resultado de ello, se han ido creando barrios populares no planificados que padecen graves restricciones de servicios básicos (agua, alcantarillado, recogida de basuras, etc.). Además, se han ido formando mediante la ocupación irregular de predios.
En los últimos 15 años, el Estado ha creado una nueva legislación que intenta enfrentar la pobreza y la desigualdad. De hecho, a lo largo de la última década la pobreza se ha reducido notablemente en la práctica totalidad de las municipalidades del país, que se ha materializado en un mayor acceso a la sanidad y educación públicas, entre otras cosas. No obstante, en los barrios populares de Q pesa aún la inseguridad legal sobre la propiedad del suelo. Esto es especialmente preocupante desde hace un año, ya que, tras las últimas elecciones, el nuevo gobierno local está en la oposición del gobierno estatal. El nuevo equipo municipal ha frenado las políticas de regulación de los barrios, así como la dotación de servicios básicos.
En este contexto surge un movimiento de pobladores que agrupa organizaciones de diferentes barrios populares que, sobre todo, reclama la regularización de las viviendas. Su principal objetivo es solicitar al municipio que aplique la legislación vigente sobre legalización de tierras y expropiación de suelos. Sin ello, esta población no puede acceder a servicios básicos como servicio de agua potable, alcantarillado, luz eléctrica y telefonía, recolección de residuos sólidos, y construcción de calles y aceras.
Esta situación expone a la población a innumerables riesgos. Entre otras, la acumulación de residuos los obliga a vivir en condiciones de insalubridad, y las instalaciones eléctricas son peligrosas porque se ven obligados a tomarla directa e irregularmente de los palos de luz pública, y en muchas ocasiones se han visto expuestos a incendios.
El proyecto “Fortalecimiento de actores sociales urbanos para la construcción de agendas de incidencia en las políticas municipales” quiere robustecer las capacidades organizativas de los barrios populares de la ciudad de Q, a fin de que puedan generar espacios de incidencia y concertación en las políticas públicas municipales.
La acción se realizará en barrios de clase social baja y media-baja en los que existen organizaciones sociales, si bien no siempre consolidadas. Después de un proceso de reflexión y análisis, se llega a la decisión de que el proyecto debe favorecer la elaboración de Agendas de Incidencia en determinados temas que afectaban a los habitantes de los barrios; el primero, la regularización de las viviendas y la gestión de la plusvalía del suelo.
Hay que destacar que el proyecto se relaciona con las políticas públicas de ámbito estatal: concretamente tiene que contribuir al Plan Estatal de Desarrollo que se está implementando desde hace 5 años.
El proyecto se ha diseñado siguiendo el Enfoque de Marco Lógico. La Matriz de Planificación resultante, que establece las acciones a realizar y los objetivos a conseguir, son resultado de la aplicación de este instrumento de gestión de proyectos.
| Beneficiarios directos | Beneficiarios indirectos | Excluidos o neutrales | Perjudicados y/o posibles oponentes | Posibles aliados |
| Habitantes de barrios populares. | Habitantes de barrios populares de otras ciudades, por la activación de la nueva legislación vigente. | No se han detectado. | Propietarios formales de los predios en los que se asientan los barrios. | Instituciones públicas estatales, interesadas en aplicar la legislación vigente. |
| Organizaciones sociales de barrios populares (por delegación de los primeros). | La Municipalidad de Q, desinteresada en aplicar la legislación vigente. |
Entre los tres posibles medios identificados para incidir en el Problema Focal, se elige como el más apropiado para el presente proyecto el de Actores sociales de Q son agentes activos en las reformas democráticas de defensa y promoción de Derechos a la participación y a la vivienda, que se convierte así en el objetivo específico, por varios motivos:
| Partidas | Concepto | Núm. unidades | Costo unitario | Total |
| Identificación del proyecto: salario (a t/p) | Meses | 3 | 490 | 1.470,00 |
| Identificación del proyecto: movilidad | Meses | 3 | 100 | 300,00 |
| Material fungible | Meses | 24 | 80 | 1.920,00 |
| Auditoría externa | Servicio auditorio | 1 | 2299 | 2.299,00 |
| Oficinas del proyecto | Meses | 24 | 250 | 6.000,00 |
| Desplazamientos del equipo técnico: transporte público | Meses | 24 | 220 | 5.280,00 |
| Desplazamientos de equipo por los barrios: combustible | Meses | 24 | 320 | 7.680,00 |
| Mantenimiento de vehículo | Meses | 24 | 210 | 5.040,00 |
| Coordinador/a general del proyecto | Meses | 24 | 1200 | 28.800,00 |
| Técnico/a del proyecto | Meses | 24 | 700 | 16.800,00 |
| Administrador/a | Meses | 24 | 490 | 11.760,00 |
| Técnico de apoyo, a tiempo parcial | Meses | 28 | 280 | 7.840,00 |
| Vehículo | Meses | 24 | 650 | 15.600,00 |
| Equipo informático | Equipo informático | 2 | 500 | 1.000,00 |
| Proyector de video | Proyectos | 1 | 500 | 500,00 |
| Cámara fotográfica | Cámara | 1 | 200 | 200,00 |
| TOTAL | 112.589,00 | |||
De entre todos estos hechos expuestos, se pueden sacar algunas observaciones:
Como sucede con las políticas públicas, no existe una sola aproximación metodológica para diseñar los proyectos. Si bien el Enfoque de Marco Lógico (EML), como se ha explicado, es el más utilizado en el sistema de ayuda al desarrollo, desde hace años se han desarrollado otras metodologías. Algunas surgen del EML: diferentes instituciones y centros académicos han ido introduciendo mejoras e instrumentos complementarios para el análisis de procesos sociales complejos; otras, con enfoques basados en procesos, pretenden ser más novedosas.
Teniendo en cuenta la importancia que han tenido los dos enfoques en el debate académico y en aplicación práctica de las distintas agencias de cooperación, el experto británico en desarrollo Robert Chambers (2013) elaboró un cuadro comparativo en el que se recogen las principales diferencias entre ambos paradigmas.
En el siguiente cuadro se puede observar los pilares sobre los que se construye cada enfoque, los mecanismos de diseño de los proyectos, la consecución de objetivos o el proceso de aprendizaje de las personas.
|
Enfoques de modelos lógicos (paradigma de los objetos) |
Enfoques de proceso (paradigma de las personas) |
|
| Centrado en… | Objetos | Personas |
| Modo | Consecución de objetivos | Proceso de aprendizaje |
| Concepto / Actividad clave | Planificación | Participación |
| Objetivos | Establecidos con anterioridad | Evolucionan y cambian a la ejecución durante el proceso |
| Lógica | Lineal | Newtoniana iterativa |
| Actividades y acciones | Estandarizadas | Diversas |
| Suposiciones | Reduccionista Holístico | Sistémico |
| Las personas se ven como | Objetos, «grupos objetivo», beneficiarios | Sujetos, actores, participantes |
| Rol del personal externo | Transferir, motivar, enseñar | Facilitar, «empoderar» a la gente |
| Principal personal externo | Ingenieros, economistas | Aquellos que tienen comportamientos y actitudes participativos |
| Resultados | Infraestructuras, cambios físicos y materiales | Capacidades instituciones |
A continuación, se presentan brevemente las principales metodologías de ambos enfoques.
Los modelos lógicos utilizan un conjunto de métodos para la planificación, el seguimiento y la evaluación. Son intervenciones diseñadas a partir de diferentes componentes entre los que se establecen relaciones causales: si se hace A, se alcanzará B.
Como se ha visto, el EML es un método de planificación orientado a objetivos, establecidos a través de un proceso analítico de la problemática. Para ello se utiliza un conjunto de herramientas que facilita la conceptualización y el diseño de los proyectos.
El EML fue desarrollado a finales de los años 60 por USAID (US Agency for International Development) con el objetivo de proporcionar una herramienta sencilla para la planificación, seguimiento y evaluación de los proyectos. Este enfoque se ha extendido y ha sido asumido por la mayor parte de los donantes, que han ido introduciendo variaciones sobre formatos, conceptos y herramientas. El modelo europeo se basa en el método ZOPP, desarrollado por la GTZ (la agencia oficial de cooperación alemana), una variante del EML.
En el 2003, Naciones Unidas presentó el enfoque de derechos humanos para su aplicación en los programas de cooperación al desarrollo por parte de sus agencias. La Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos lo define como un marco conceptual para el proceso de desarrollo humano que, desde el punto de vista normativo, está basado en las normas internacionales de derechos humanos, y desde el punto de vista operacional está orientado a la promoción y la protección de los derechos humanos.
Su propósito es analizar las desigualdades que se encuentran en el centro de los problemas de desarrollo y corregir las prácticas discriminatorias y el injusto reparto del poder que obstaculizan el progreso en materia de desarrollo (ALZA, 2014).
La principal diferencia con el EML está en su objetivo y perspectiva: el EML busca y da respuesta a una necesidad o problema; por ejemplo, la falta de punto de agua en una población. El enfoque de derechos pone el énfasis en la carencia total o parcial de un derecho básico; por ejemplo, el derecho humano al agua y al saneamiento. A partir de este análisis, los actores se dividen en sujetos o titulares de derecho (ciudadanos) y sujetos o titulares de obligaciones (instituciones).
Cabe recordar que la aprobación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos comporta la aplicación de este enfoque independientemente de la existencia o no de un desarrollo jurídico normativo que los desarrolle.
Por tanto, el Enfoque de Derechos Humanos no es tanto una metodología de gestión diferente al EML, sino más bien la utilización del EML desde una nueva perspectiva. Gómez-galán, Piscitello y Ollero (2013) señalan una serie de elementos que deber permitir la incorporación del Enfoque de Derechos Humanos en la gestión de proyectos; entre ellos, destaca:
Un ejemplo de aplicación de esta metodología sobre un determinado derecho humano, el de la educación, se encuentra en Un enfoque de la educación para todos basado en los derechos humanos, de UNICEF.
Del EML y el Enfoque de Derechos Humanos surgen otras metodologías más específicas, una de ellas es el enfoque de género aplicado al EML.
Este enfoque introduce un análisis transversal que incide en las relaciones de género. El objetivo es que el proyecto no sea “ciego” a las relaciones de género, e identifique, desde su diseño, los riesgos de que la intervención tenga sesgos que afecten negativamente a la mujer. En última instancia, este enfoque busca corregir la situación de desigualdad de la mujer en la zona de intervención.
Un texto que analiza este enfoque en proyectos de gobiernos locales; concretamente, en acciones de presupuestos participativos es el de “Incorporación de la perspectiva de género a la metodología del Marco Lógico para la planeación del presupuesto de egresos públicos”., de S. Niño (2016).
Otra metodología de cooperación basada en un modelo lógico es la Gestión Basada en Resultados, que va ganando terreno de forma progresiva al EML basado en objetivos, sobre todo en el ámbito de las Naciones Unidas y la Unión Europea principalmente.
En el caso de la Unión Europea, este enfoque ya se ha integrado como marco programático, presupuestario y metodología de monitoreo y evaluación de acuerdo con el Nuevo Consenso Europeo sobre Desarrollo de 2017.
El enfoque enfatiza la necesidad de que los resultados formulados supongan un cambio en instituciones, individuos o una problemática concreta, más allá de conseguir los objetivos determinados explícitamente en la matriz de planificación. Estos resultados deben ser realistas, basados en un análisis adecuado, y contar con unos indicadores medibles propios que permitan monitorear el avance.
Para ampliar información sobre esta metodología se puede consultar la guía de K. Örtengren (2016) y el texto introductorio de la Comisión Europea.
Se ha criticado al EML, y a los modelos basados en modelos lógicos en general, que son ciegos a los cambios en los factores sociales e institucionales. Los enfoques basados en procesos interpretan el proyecto como un sistema abierto y dinámico, no limitado a la matriz de planificación.
Para analizar los procesos locales de las intervenciones desde otra perspectiva, se desarrolló durante los años 90 el Enfoque de Proceso de Aprendizaje (Learning Process Approach).
Este enfoque no parte de la concepción de proyecto o intervención concreta, sino de un proceso a largo plazo en el que el aprendizaje extraído de la experiencia, incluido el error, es lo que puede llevar a desarrollar programas exitosos. Su aplicación se realiza a través de un análisis complejo que tiene como pilar la noción del proceso a través de la aplicación de herramientas de gestión, seguimiento y evaluación vinculadas a la gestión de la calidad.
A diferencia del EML, no existe en este una planificación rígida, sino que se parte de un diseño flexible que cambia como resultado del aprendizaje de la experiencia durante la ejecución.
Un texto clásico que plantea las bases de esta metodología es el de “Community organization and rural development: A learning process approach”, de Korten (1980), publicado en Public Administration Review, 40(5): 480-511.
El enfoque de aprendizaje y acción participativos (Participatory Learning and Action) introduce un nuevo elemento en la ecuación: la participación.
El Institute of Development Studies de la Universidad de Sussex (Reino Unido) desarrolló un enfoque en el que la participación no solo es un medio para aumentar la eficacia y la eficiencia de los proyectos, sino que es un fin en sí mismo.
Una guía clásica sobre la metodología es la que publicó J.N. Pretty, profesor de la Universidad de Essex, en 1995: A trainer's guide for participatory learning and action.
La Teoría del Cambio (TC) es un enfoque de planificación y evaluación de intervenciones de tipo procesual surgido a finales de la década de 1990, que quiere ser una alternativa a la rigidez del EML. Posiblemente es el enfoque basado en procesos que ha generado más discusión y análisis.
TC nació del reconocimiento de que los contextos que rodean a los cambios sociales son complejos e inciertos. La idea fundamental es que una intervención se puede expresar en términos de una secuencia gradual de causas y efectos, y no en una estructura (árboles) de causas y efectos unidireccionales.
El investigador británico en temas de desarrollo Craig Valters (2015), plantea que el TC se sustenta en cuatro principios estrechamente interrelacionados:
Las herramientas convencionales de gestión de proyectos, como el EML, entienden las intervenciones como sistemas cerrados y controlables. La TC enfrenta esta idea, por lo que considera la necesidad de utilizar instrumentos más ligeros y menos formales.
El TC no tiene una metodología propia o un kit de herramientas establecidas, si bien se han desarrollado algunas como los cronogramas o los diarios. El objetivo de estas herramientas es alimentar el debate entre los actores participantes y su creatividad. Es mediante prácticas de acierto-error y el debate que se desarrolla el proyecto, y no a través del seguimiento de un documento (matriz de planificación).
El carácter reflexivo y adaptativo de la metodología, y su ausencia de instrumentos de gestión formales, requiere que los actores asuman un alto nivel de responsabilidad y conocimientos. El aprendizaje continuo es, así, una necesidad, que se ha de realizar conjuntamente con la ejecución del proyecto.
El aprendizaje ha de ser un adaptativo a circunstancias cambiantes y crítico. En cambio, el aprendizaje que generan los enfoques lógicos es encorsetado y acrítico, centrados en el dominio de una serie de instrumentos de gestión y contabilidad financiera.
La TC considera un riesgo mantener un proceso de control y seguimiento vertical, de arriba (donantes) abajo (receptores de la ayuda). Estos sistemas de gestión tienen carácter impositivo, y excluyen o marginan de la gestión los aportes y conocimientos de la población beneficiaria.
TC habla de “ideología organizacional” para referirse a un modelo de gestión en el que las decisiones se toman en el terreno por parte de los actores implicados.
La TC hace un símil con estos dos instrumentos de navegación. Los enfoques lógicos actúan como una ruta establecida en un mapa: nos indica de dónde salimos, a dónde hemos de llegar, y cuál es el recorrido a realizar. No deja opciones a las variaciones, por lo que:
En cambio, la TC funciona como una brújula que ayuda a encontrar el camino “a través de la niebla de sistemas complejos”, y a medida que el proyecto avanza. Esto no significa abandonar completamente la planificación; solo ser consciente de que estos planes reflejan conjeturas sobre el futuro, y por tanto no pueden ser inamovibles.
El principal problema con el que se enfrenta la TC es la rigidez administrativa y burocrática con la que funcionan las instituciones públicas; entre ellas, las agencias de cooperación. De hecho, algunos autores consideran que la TC, hoy por hoy, más que funcionar como un modelo de gestión, está permitiendo una reflexión crítica en la cooperación al desarrollo.
Una comunidad que comparte experiencias, buenas prácticas y recursos sobre la teoría del cambio es la ActKnowledge: Center for Theory of Change.
Los modelos orientados a procesos no han logrado alcanzar un método tan aplicable y extendido como los enfoques basados en modelos lógicos. Se ha visto en el caso de la Teoría del Cambio. El esfuerzo en el aprendizaje, incluso por encima de la obtención de resultados, y una ligereza en la gestión que no se adecúa al funcionamiento burocrático, dificultan su adopción por las agencias de cooperación.
Por otra parte, estos modelos tienen como principal problema la laxitud de sus conceptos y la facilidad en caer en la interpretación de los aprendizajes. A esto se añade que no se convierten en instrumentos que arrojen resultados específicos y mesurables. Por eso se han hecho intentos por aunar ambos enfoques. Dos de estos modelos son los siguientes.
El Mapeo de alcances (Outcome Mapping) es un método de planificación, seguimiento y evaluación orientado al aprendizaje de las organizaciones, centrado en los cambios que se dan en los actores del programa.
Este modelo abandona la idea de impacto, para centrarse en la de alcance, entendida como un cambio en los comportamientos, en las relaciones, actividades y acciones de las personas, los grupos y las organizaciones.
Para saber más, se recomienda la lectura de S. Earl (2001) y consultar la página de la comunidad de aprendizaje belga Outcome Mapping.
Otra variante es el Modelo Lógico Temporal (Temporal Logic Model) que es, al igual que el anterior, un modelo desarrollado por la Unidad de Evaluación del International Development Research Center (IDCR) de Canadá.
Se trata de una herramienta de evaluación que proporciona una imagen global de los componentes de un programa, registrando las modificaciones en su diseño durante su implementación. Se prevé su uso también en la fase de planificación y diseño, pero no ha desarrollado herramientas o técnicas para ello.
ActKnowledge: Center for Theory of Change
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