En el próximo módulo del curso se hace referencia específicamente a las tendencias y retos de la cooperación descentralizada, los cuales, a nivel general, coinciden con los retos de la cooperación al desarrollo. Por esta razón, aquí solo se pretende hacer una breve reflexión sobre el momento actual de la cooperación al desarrollo.
Como se ha visto, la cooperación al desarrollo ha tenido una evolución desigual, ha presentado cíclicamente momentos de agotamiento y ha sido también cuestionada y criticada, tanto desde fuera como internamente. Y ello a pesar de impulsar iniciativas que trataban de articular una renovación desde dentro del propio sistema internacional de cooperación, tal y como se ha visto en su evolución.
Antes de la aprobación de la Agenda 2030 y durante su proceso de discusión y elaboración, se produjo un arduo debate internacional sobre cuáles eran las principales limitaciones del modelo de cooperación que no permitían abordar la complejidad y la profundidad de los cambios que acontecen a nivel internacional y que, como ya se ha explicado, muestran un mundo con problemas complejos y de naturaleza global como resultado de los procesos de transnacionalización e interdependencia. Así, actualmente existe un sistema de cooperación internacional en crisis que interpela de manera directa al mostrar un modelo de desarrollo que es contraproducente con la vida humana y del planeta.
En la Cumbre Humanitaria Mundial (Estambul, 23-24 de mayo de 2016) ya se destacó que “el mundo se encuentra en un punto crítico. Se presencia el nivel más alto de sufrimiento humano desde la Segunda Guerra Mundial”, según la ONU. Esta situación no hizo más que agudizarse con la presencia del Coronavirus que llevó al mundo a una crisis sanitaria, económica y social sin precedentes. Esta situación está incrementando la brecha de la desigualdad, a la cual la cooperación al desarrollo ha intentado confrontar y revertir sin éxito.
Sobre acción humanitaria se puede consultar la página del Instituto de Estudios sobre Conflicto y Acción Humanitaria (IECAH).
La ayuda en un mundo en crisis, Acnur y otros organismos de socorro abordan una cantidad sin precedentes de necesidades humanas y necesitan ampliar su base de apoyo. Antonio Guterres, secretario general de Naciones Unidas, ofreció datos espeluznantes: Nunca en los 64 años de historia de la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (Acnur) se tuvo que hacer frente a tanta miseria. A principios de 2014, más de 51 millones de personas fueron desplazadas de sus hogares, desarraigadas por conflictos y persecución.
Según el Informe resumen de Oxfam, de enero de 2022, Las desigualdades matan. A pesar de ello, los diez hombres más ricos del mundo han duplicado su fortuna.
Precisamente las desigualdades y la falta de confianza en lo público fueron el tema abordado en la VII Conferencia del Observatorio de Cooperación Descentralizada UE-AL celebrada en Montevideo los días 4 y 5 de diciembre de 2019, cuyas conclusiones y debates se recogen en el último estudio del Observatorio de Cooperación Descentralizada UE-AL “La cooperación descentralizada como mecanismo para abordar las desigualdades y fortalecer la democracia en los territorios” (De Losada, A.; 2020).
La siguiente tabla elaborada por CEPAL en 2020 muestra una proyección del aumento de la pobreza y la pobreza extrema en América Latina en un contexto de caída del PIB y de aumento del desempleo.
Esta situación convive además con la pérdida de confianza de la ciudadanía, sobre todo en América Latina, pero también en Europa.
El Latinobarómetro 2020 indicaba que la población que tiene poca o ninguna confianza en los gobiernos nacionales alcanzaba el 73% en 2020. Además, la confianza en el sistema judicial, los partidos políticos o las elecciones también se ha ido deteriorando, al tiempo que crece la insatisfacción con la calidad de los servicios públicos.
En este mundo hiperglobalizado, el economista turco Dani Rodrick (2012) plantea las tensiones entre la democracia vinculada a lo nacional y una serie de decisiones tomadas a escala global.
Según Rodrick, en relación con el reto de que el “desequilibrio entre el alcance nacional de los gobiernos y la naturaleza global de los mercados constituye el talón de Aquiles de la globalización”, y teniendo en cuenta que “los mercados y los gobiernos se complementan, no se sustituyen” es el “trilema político fundamental de la economía mundial”.
Siguiendo esta teoría, “no podemos perseguir simultáneamente democracia, autodeterminación nacional y globalización económica. Si queremos impulsar más la globalización, tenemos que renunciar en parte a la nación Estado o a la política democrática. Si queremos conservar y profundizar la democracia, tenemos que elegir entre nación Estado e integración económica internacional. Y si queremos mantener la nación Estado y la autodeterminación, tenemos que elegir entre profundizar la democracia o profundizar la globalización. Nuestros problemas tienen sus raíces en nuestra renuencia a enfrentarnos a estas opciones ineluctables”.
Finalmente, el autor llega a la conclusión de que “la gran diversidad que caracteriza nuestro mundo de hoy hace que la hiperglobalización y la democracia sean incompatibles”.
Una de las opciones para hacer frente a las carencias de medidas nacionales para afrontar cuestiones globales pasa por fortalecer los procesos de integración regional y por aumentar los mecanismos de gobernanza global, reforzando el papel de las instituciones.
En este sentido, la OCDE (2018) señalaba en el informe la necesidad de que los países latinoamericanos refuercen las capacidades domésticas mediante la mejora de los procesos de elaboración de las políticas públicas y los sistemas de financiación, poniendo un foco específico en las desigualdades territoriales.
En Europa, la fórmula no varía en exceso. De acuerdo con el VII Informe sobre la cohesión económica, social y territorial, existía un consenso creciente en torno al hecho de que la calidad de gobierno y de las instituciones constituye una condición previa fundamental para lograr incrementos sostenidos en los niveles de prosperidad, bienestar y cohesión territorial en la UE. La región es, en este sentido, altamente heterogénea puesto que la calidad de gobierno difiere de forma importante entre los 27 países de la UE e, incluso, en el interior de estos. En todo caso, la necesidad de reforzar los mecanismos de gobernanza será todavía más acuciante, si cabe, para abordar el proceso de recuperación y gestionar la emergencia social y climática después de la pandemia.
Además, actualmente se vive en un momento de alta vulneración de los derechos humanos que la pandemia de COVID-19 y la guerra en Ucrania y sus impactos, no ha he hecho más que incrementar. Especialmente con la población más vulnerable: mayores, infancia, migrantes o mujeres.
La pandemia de COVID-19:
En este escenario, el lema de la Agenda 2030 de “no dejar a nadie atrás” y su aproximación universal, holística e integral al desarrollo sostenible, teniendo en cuenta sus dimensiones económica, social y ambiental así como las interrelaciones que existen entre ellas, se vuelve más pertinente, si cabe.
En este sentido, la Agenda apela a la coordinación entre las diferentes esferas de gobierno y a la necesaria complementariedad en sus intervenciones. Pero también a la necesidad de articular alianzas con los diferentes operadores, ya sea la sociedad civil, el sector privado o las diferentes instancias vinculadas al conocimiento. Por tanto, se orienta a no dejar a nadie, ni a ningún territorio, atrás, lo que implica tener muy en cuenta a los colectivos y territorios más vulnerables, apostando claramente por la rendición de cuentas y los mecanismos de control social, por aprender de la experiencia y por capitalizar las mejores prácticas.
El enfoque de Coherencia de Políticas para el Desarrollo Sostenible y el enfoque de Bienes Públicos Globales
Junto con la aproximación al desarrollo de la Agenda 2030, el enfoque de Coherencia de Políticas para el Desarrollo Sostenible (CPDS) y el enfoque de Bienes Públicos Globales pueden ayudar a que la cooperación al desarrollo contribuya al tránsito del actual modelo de desarrollo a otro donde la agenda ponga la vida y el planeta en el centro. Esto supone:
El enfoque de CPDS se define como la integración de los principios del nuevo paradigma de desarrollo sostenible en todas y cada una de las políticas públicas de un gobierno.
El punto de partida es el reconocimiento de que las políticas públicas —independientemente del nivel de gobierno o del área de gobierno que las implemente— generan efectos y producen impactos en las dinámicas de desarrollo. Dichos efectos pueden ser favorables a los principios del desarrollo sostenible o también perjudiciales, pero la CPDS permite precisamente detectar y reconocer unos y otros para que se puedan tomar medidas concretas que refuercen o corrijan sus efectos.
El enfoque de Bienes Públicos Globales rompe con la tradicional visión norte-sur y avanza hacia una mirada más multilateral donde el desarrollo es concebido como un problema de provisión de bienes públicos globales —naturales, de producción humana y de política global como salud, paz, estabilidad financiera, libertad, equidad y justicia, en otras cuestiones— más que como una transferencia directa de recursos. Sin embargo, este enfoque ha sido más controvertido por las dificultades evidentes a la hora de su aplicación.
En conclusión, la crisis —sobre todo des de la COVID-19 y la guerra en Ucrania— y sus consecuencias de carácter financiero, ecológico, digital, social y político obliga a comprender la realidad desde la conciencia clara del carácter transnacional e interdependiente de los desafíos globales. Y desde esta mirada, para alcanzar procesos de desarrollo realmente efectivos que reviertan los problemas actuales, la cooperación al desarrollo deberá incorporar la mirada transnacional y la comprensión de las interdependencias entre territorios, tal y como defiende y desarrollo el modelo de cooperación descentralizada.