Como sucede con las políticas públicas, no existe una sola aproximación metodológica para diseñar los proyectos. Si bien el Enfoque de Marco Lógico (EML), como se ha explicado, es el más utilizado en el sistema de ayuda al desarrollo, desde hace años se han desarrollado otras metodologías. Algunas surgen del EML: diferentes instituciones y centros académicos han ido introduciendo mejoras e instrumentos complementarios para el análisis de procesos sociales complejos; otras, con enfoques basados en procesos, pretenden ser más novedosas.
Teniendo en cuenta la importancia que han tenido los dos enfoques en el debate académico y en aplicación práctica de las distintas agencias de cooperación, el experto británico en desarrollo Robert Chambers (2013) elaboró un cuadro comparativo en el que se recogen las principales diferencias entre ambos paradigmas.
En el siguiente cuadro se puede observar los pilares sobre los que se construye cada enfoque, los mecanismos de diseño de los proyectos, la consecución de objetivos o el proceso de aprendizaje de las personas.
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Enfoques de modelos lógicos (paradigma de los objetos) |
Enfoques de proceso (paradigma de las personas) |
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| Centrado en… | Objetos | Personas |
| Modo | Consecución de objetivos | Proceso de aprendizaje |
| Concepto / Actividad clave | Planificación | Participación |
| Objetivos | Establecidos con anterioridad | Evolucionan y cambian a la ejecución durante el proceso |
| Lógica | Lineal | Newtoniana iterativa |
| Actividades y acciones | Estandarizadas | Diversas |
| Suposiciones | Reduccionista Holístico | Sistémico |
| Las personas se ven como | Objetos, «grupos objetivo», beneficiarios | Sujetos, actores, participantes |
| Rol del personal externo | Transferir, motivar, enseñar | Facilitar, «empoderar» a la gente |
| Principal personal externo | Ingenieros, economistas | Aquellos que tienen comportamientos y actitudes participativos |
| Resultados | Infraestructuras, cambios físicos y materiales | Capacidades instituciones |
A continuación, se presentan brevemente las principales metodologías de ambos enfoques.
Los modelos lógicos utilizan un conjunto de métodos para la planificación, el seguimiento y la evaluación. Son intervenciones diseñadas a partir de diferentes componentes entre los que se establecen relaciones causales: si se hace A, se alcanzará B.
Como se ha visto, el EML es un método de planificación orientado a objetivos, establecidos a través de un proceso analítico de la problemática. Para ello se utiliza un conjunto de herramientas que facilita la conceptualización y el diseño de los proyectos.
El EML fue desarrollado a finales de los años 60 por USAID (US Agency for International Development) con el objetivo de proporcionar una herramienta sencilla para la planificación, seguimiento y evaluación de los proyectos. Este enfoque se ha extendido y ha sido asumido por la mayor parte de los donantes, que han ido introduciendo variaciones sobre formatos, conceptos y herramientas. El modelo europeo se basa en el método ZOPP, desarrollado por la GTZ (la agencia oficial de cooperación alemana), una variante del EML.
En el 2003, Naciones Unidas presentó el enfoque de derechos humanos para su aplicación en los programas de cooperación al desarrollo por parte de sus agencias. La Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos lo define como un marco conceptual para el proceso de desarrollo humano que, desde el punto de vista normativo, está basado en las normas internacionales de derechos humanos, y desde el punto de vista operacional está orientado a la promoción y la protección de los derechos humanos.
Su propósito es analizar las desigualdades que se encuentran en el centro de los problemas de desarrollo y corregir las prácticas discriminatorias y el injusto reparto del poder que obstaculizan el progreso en materia de desarrollo (ALZA, 2014).
La principal diferencia con el EML está en su objetivo y perspectiva: el EML busca y da respuesta a una necesidad o problema; por ejemplo, la falta de punto de agua en una población. El enfoque de derechos pone el énfasis en la carencia total o parcial de un derecho básico; por ejemplo, el derecho humano al agua y al saneamiento. A partir de este análisis, los actores se dividen en sujetos o titulares de derecho (ciudadanos) y sujetos o titulares de obligaciones (instituciones).
Cabe recordar que la aprobación de la Declaración Universal de los Derechos Humanos comporta la aplicación de este enfoque independientemente de la existencia o no de un desarrollo jurídico normativo que los desarrolle.
Por tanto, el Enfoque de Derechos Humanos no es tanto una metodología de gestión diferente al EML, sino más bien la utilización del EML desde una nueva perspectiva. Gómez-galán, Piscitello y Ollero (2013) señalan una serie de elementos que deber permitir la incorporación del Enfoque de Derechos Humanos en la gestión de proyectos; entre ellos, destaca:
Un ejemplo de aplicación de esta metodología sobre un determinado derecho humano, el de la educación, se encuentra en Un enfoque de la educación para todos basado en los derechos humanos, de UNICEF.
Del EML y el Enfoque de Derechos Humanos surgen otras metodologías más específicas, una de ellas es el enfoque de género aplicado al EML.
Este enfoque introduce un análisis transversal que incide en las relaciones de género. El objetivo es que el proyecto no sea “ciego” a las relaciones de género, e identifique, desde su diseño, los riesgos de que la intervención tenga sesgos que afecten negativamente a la mujer. En última instancia, este enfoque busca corregir la situación de desigualdad de la mujer en la zona de intervención.
Un texto que analiza este enfoque en proyectos de gobiernos locales; concretamente, en acciones de presupuestos participativos es el de “Incorporación de la perspectiva de género a la metodología del Marco Lógico para la planeación del presupuesto de egresos públicos”., de S. Niño (2016).
Otra metodología de cooperación basada en un modelo lógico es la Gestión Basada en Resultados, que va ganando terreno de forma progresiva al EML basado en objetivos, sobre todo en el ámbito de las Naciones Unidas y la Unión Europea principalmente.
En el caso de la Unión Europea, este enfoque ya se ha integrado como marco programático, presupuestario y metodología de monitoreo y evaluación de acuerdo con el Nuevo Consenso Europeo sobre Desarrollo de 2017.
El enfoque enfatiza la necesidad de que los resultados formulados supongan un cambio en instituciones, individuos o una problemática concreta, más allá de conseguir los objetivos determinados explícitamente en la matriz de planificación. Estos resultados deben ser realistas, basados en un análisis adecuado, y contar con unos indicadores medibles propios que permitan monitorear el avance.
Para ampliar información sobre esta metodología se puede consultar la guía de K. Örtengren (2016) y el texto introductorio de la Comisión Europea.
Se ha criticado al EML, y a los modelos basados en modelos lógicos en general, que son ciegos a los cambios en los factores sociales e institucionales. Los enfoques basados en procesos interpretan el proyecto como un sistema abierto y dinámico, no limitado a la matriz de planificación.
Para analizar los procesos locales de las intervenciones desde otra perspectiva, se desarrolló durante los años 90 el Enfoque de Proceso de Aprendizaje (Learning Process Approach).
Este enfoque no parte de la concepción de proyecto o intervención concreta, sino de un proceso a largo plazo en el que el aprendizaje extraído de la experiencia, incluido el error, es lo que puede llevar a desarrollar programas exitosos. Su aplicación se realiza a través de un análisis complejo que tiene como pilar la noción del proceso a través de la aplicación de herramientas de gestión, seguimiento y evaluación vinculadas a la gestión de la calidad.
A diferencia del EML, no existe en este una planificación rígida, sino que se parte de un diseño flexible que cambia como resultado del aprendizaje de la experiencia durante la ejecución.
Un texto clásico que plantea las bases de esta metodología es el de “Community organization and rural development: A learning process approach”, de Korten (1980), publicado en Public Administration Review, 40(5): 480-511.
El enfoque de aprendizaje y acción participativos (Participatory Learning and Action) introduce un nuevo elemento en la ecuación: la participación.
El Institute of Development Studies de la Universidad de Sussex (Reino Unido) desarrolló un enfoque en el que la participación no solo es un medio para aumentar la eficacia y la eficiencia de los proyectos, sino que es un fin en sí mismo.
Una guía clásica sobre la metodología es la que publicó J.N. Pretty, profesor de la Universidad de Essex, en 1995: A trainer's guide for participatory learning and action.
La Teoría del Cambio (TC) es un enfoque de planificación y evaluación de intervenciones de tipo procesual surgido a finales de la década de 1990, que quiere ser una alternativa a la rigidez del EML. Posiblemente es el enfoque basado en procesos que ha generado más discusión y análisis.
TC nació del reconocimiento de que los contextos que rodean a los cambios sociales son complejos e inciertos. La idea fundamental es que una intervención se puede expresar en términos de una secuencia gradual de causas y efectos, y no en una estructura (árboles) de causas y efectos unidireccionales.
El investigador británico en temas de desarrollo Craig Valters (2015), plantea que el TC se sustenta en cuatro principios estrechamente interrelacionados:
Las herramientas convencionales de gestión de proyectos, como el EML, entienden las intervenciones como sistemas cerrados y controlables. La TC enfrenta esta idea, por lo que considera la necesidad de utilizar instrumentos más ligeros y menos formales.
El TC no tiene una metodología propia o un kit de herramientas establecidas, si bien se han desarrollado algunas como los cronogramas o los diarios. El objetivo de estas herramientas es alimentar el debate entre los actores participantes y su creatividad. Es mediante prácticas de acierto-error y el debate que se desarrolla el proyecto, y no a través del seguimiento de un documento (matriz de planificación).
El carácter reflexivo y adaptativo de la metodología, y su ausencia de instrumentos de gestión formales, requiere que los actores asuman un alto nivel de responsabilidad y conocimientos. El aprendizaje continuo es, así, una necesidad, que se ha de realizar conjuntamente con la ejecución del proyecto.
El aprendizaje ha de ser un adaptativo a circunstancias cambiantes y crítico. En cambio, el aprendizaje que generan los enfoques lógicos es encorsetado y acrítico, centrados en el dominio de una serie de instrumentos de gestión y contabilidad financiera.
La TC considera un riesgo mantener un proceso de control y seguimiento vertical, de arriba (donantes) abajo (receptores de la ayuda). Estos sistemas de gestión tienen carácter impositivo, y excluyen o marginan de la gestión los aportes y conocimientos de la población beneficiaria.
TC habla de “ideología organizacional” para referirse a un modelo de gestión en el que las decisiones se toman en el terreno por parte de los actores implicados.
La TC hace un símil con estos dos instrumentos de navegación. Los enfoques lógicos actúan como una ruta establecida en un mapa: nos indica de dónde salimos, a dónde hemos de llegar, y cuál es el recorrido a realizar. No deja opciones a las variaciones, por lo que:
En cambio, la TC funciona como una brújula que ayuda a encontrar el camino “a través de la niebla de sistemas complejos”, y a medida que el proyecto avanza. Esto no significa abandonar completamente la planificación; solo ser consciente de que estos planes reflejan conjeturas sobre el futuro, y por tanto no pueden ser inamovibles.
El principal problema con el que se enfrenta la TC es la rigidez administrativa y burocrática con la que funcionan las instituciones públicas; entre ellas, las agencias de cooperación. De hecho, algunos autores consideran que la TC, hoy por hoy, más que funcionar como un modelo de gestión, está permitiendo una reflexión crítica en la cooperación al desarrollo.
Una comunidad que comparte experiencias, buenas prácticas y recursos sobre la teoría del cambio es la ActKnowledge: Center for Theory of Change.
Los modelos orientados a procesos no han logrado alcanzar un método tan aplicable y extendido como los enfoques basados en modelos lógicos. Se ha visto en el caso de la Teoría del Cambio. El esfuerzo en el aprendizaje, incluso por encima de la obtención de resultados, y una ligereza en la gestión que no se adecúa al funcionamiento burocrático, dificultan su adopción por las agencias de cooperación.
Por otra parte, estos modelos tienen como principal problema la laxitud de sus conceptos y la facilidad en caer en la interpretación de los aprendizajes. A esto se añade que no se convierten en instrumentos que arrojen resultados específicos y mesurables. Por eso se han hecho intentos por aunar ambos enfoques. Dos de estos modelos son los siguientes.
El Mapeo de alcances (Outcome Mapping) es un método de planificación, seguimiento y evaluación orientado al aprendizaje de las organizaciones, centrado en los cambios que se dan en los actores del programa.
Este modelo abandona la idea de impacto, para centrarse en la de alcance, entendida como un cambio en los comportamientos, en las relaciones, actividades y acciones de las personas, los grupos y las organizaciones.
Para saber más, se recomienda la lectura de S. Earl (2001) y consultar la página de la comunidad de aprendizaje belga Outcome Mapping.
Otra variante es el Modelo Lógico Temporal (Temporal Logic Model) que es, al igual que el anterior, un modelo desarrollado por la Unidad de Evaluación del International Development Research Center (IDCR) de Canadá.
Se trata de una herramienta de evaluación que proporciona una imagen global de los componentes de un programa, registrando las modificaciones en su diseño durante su implementación. Se prevé su uso también en la fase de planificación y diseño, pero no ha desarrollado herramientas o técnicas para ello.